Perfecto. Hagámoslo, dije cuando el equipo terminó su presentación.

Ese día experimenté lo que Steve Jobs explicaba en su famoso discurso: que todas las cosas en que uno se involucra y que uno hace se conectan siempre de alguna manera mágica más adelante.

Verás. Estudié ingeniería electrónica durante seis años en la universidad. Si dividimos en tres partes mi estancia escolar, te puedo decir que la primera fue normal, la segunda fue genial y la tercera fue el estrés, caos y frustración total. Retuve y apliqué poco del conocimiento práctico que pude haber absorbido durante mis años en aulas y laboratorios. Haber estudiado ingeniería me sirvió durante más de diez años para abordar a la vida y las personas como sistemas complejos con señales de entrada, procesamiento y señales de salida. Simplificar las cosas así me ha regalado análisis rápidos que – en conjunto – me han ayudado a tomar decisiones ganadoras. La ingeniería me sirvió para desarrollar soluciones a mis problemas personales, profesionales y empresariales pensando siempre en términos de algoritmos en constante evolución.

La ingeniería electrónica me permitió entender por qué técnicamente un nuevo producto de consumo era mejor que otro y por qué ciertas hazañas del mundo de la tecnología requerían aplausos y otras no tanto.

Pero no sé cómo reparar tu televisión. I’m sorry.

Cuando estudias ingeniería electrónica, las preguntas que vas a recibir de personas ajenas a ese círculo van a ir por el lado de ¿y puedes reparar (esto) y (aquello)?.

Un buen ingeniero electrónico puede hacer eso y más. Mucho más.

Pero yo no soy un buen ingeniero electrónico.

Soy un tipo que estudió ingeniería electrónica. Es diferente.

Y como te decía, no entendía cómo demonios iba a aplicar todas las horas expuestas de mi vida a este contexto de programación en lenguaje ensamblador, filtros pasa bajos, amplificadores operacionales, PLCs, microprocesadores, procesamiento digital de señales, algebra booleana y demás.

No lo entendí durante muchos años hasta aquella reunión donde mis ahora socios y yo decidimos lanzar una empresa de tecnología.

Ahora sé que no estudié ingeniería electrónica para ser ingeniero en electrónica. Estudié para entender a los ingenieros en electrónica, su comportamiento, su visión, su lenguaje y su mundo.

Verás, poca gente entiende a los ingenieros en electrónica cuando comienzan a hablar en su idioma natal de señales desfasadas, te equis, erre equis, circuito maestro-esclavo y demás.

Yo no puedo hacer con mis manos ni con mi cerebro – por ejemplo – un sistema fantástico de monitoreo y telemetría que sea codiciado por empresas gigantes.

Pero puedo fundar y dirigir la compañía que sí lo puede hacer.

Esa compañía se llama VERSE Technology.

Y comenzamos a hacer cosas.

Lo primero que tienes que hacer si te interesa tener una compañía de tecnología con capacidad de ser genuinamente clase mundial en lo suyo es rodearte de socios profundamente técnicos que sean clase mundial en lo suyo – simulación, diseño electrónico, desarrollo de software, etcétera. Si no tienes este componente, entonces para el universo estás jugando al Club de Mickey Mouse porque jamás te va a tomar en serio.

Luego de tener la parte técnica excelentemente cubierta, debes de tener la parte operacional también. ¿Quién va a ser el filtro entre las mentes geniales de los ingenieros y los potenciales clientes? Verás. El noventa y nueve punto nueve por ciento de los ingenieros altamente técnicos son terribles en las relaciones públicas, en la comunicación social, en la empatía humana. No es crítica. Es el establecimiento de los hechos. Si no entiendes este problema, no puedes abordarlo con posibles soluciones. La operación de la empresa no puede ni debe quedar en alguien que no tenga avanzadas soft skills insertas en su ADN de forma natural. Hazme caso, a riesgo de perder todos tus futuros tratos con las partes interesadas en los desarrollos e ideas que tu gente pueda crear.

Bien. Ya tienes una parte técnica y operativa andando.

Ahora viene el otro tipo, el que va a integrar todos los elementos. El que tiene que poner la experiencia de negocios. El que tiene que saber hacer marketing. El que tiene que tener bases fuertes – pero no expertas – en todo ese mundo de software, electrónica analógica, computación digital y demás. El que se va a poner a escribir un texto romántico de la compañía en lugar de una pieza de código duro para uno de los módulos de nuestros desarrollos más recientes.

En VERSE Technology, ese tipo soy yo.

Al terminar aquella primera reunión con mi equipo actual comprendí que mis años universitarios con la electrónica no habían sido en vano. Entendí que haber sido estudiante de promedio medio a bajo no importaba si hoy en día podía sentirme cómodo con una presentación técnica y los planes de trabajo de una empresa que quiero posicionar en un sector que cautiva mi imaginación.

Leo ciencia ficción seria como enfermo. Leo Wired, Slashdot y el blog Bits del NYT a diario. Leo los reportes trimestrales y las andanzas de GoogleX, Tesla, SpaceX, Apple y demás. Es tan sólo lógico que mi inclinación a la tecnología me lleve a involucrarme en cuerpo, dinero, tiempo, atención y alma al asunto.

Quiero que VERSE Technology sea una empresa de tecnología espacial con orientación a la minería de asteroides en las próximas décadas. Ay, cabrón. Ya sé.

Suena ridículo y fantasioso cuando no lees a Peter Diamandis y no sabes las cosas increíbles en las que los multimillonarios del mundo están invirtiendo.

El e-commerce, la world wide web y demás cosas que hoy damos por sentado eran una avalancha que no se veía venir de esta manera tan sólo en mil novecientos ochenta. Treinta y cinco años atrás. ¿Crees que el mundo seguirá siendo tu mundo estándar dentro de treinta y cinco años?

Yo sé que no.

En VERSE Technology sabemos que no.

Espero que tú también sepas que no.

Y por eso hemos iniciado nuestra peculiar conquista del universo.

¿Sabes qué he aprendido en todos mis viajes y participaciones en eventos corporativos y universitarios en los últimos años por todo el continente? Que hay una enorme cantidad de talento joven en nuestras coordenadas. Enorme. Exagerada te lo podría decir. En serio.

Pero no se la creen.

No se la creen.

Jóvenes universitarios en carreras técnicas. Nerds y geeks verdaderos: hagan sus empresas. O trabajen en empresas geniales. Y aprendan. Desarrollen soft skills. Júntense con quienes los ayudarán a romper ese código que les resulta exótico. Ser empático, agradable y social es un algoritmo. Estúdienlo. Apliquénlo.

Domínenlo.

Crean en la magia.

Aunque a veces tarde muchos años en llegar.